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	<title>Flaco`s Blog &#187; Historia</title>
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	<description>Actualidad, ideas, opiniones y delirios desde el norte del sur</description>
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		<title>Por qué se conmemora el 8 de marzo el día internacional de la mujer</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Mar 2010 23:35:40 +0000</pubDate>
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25 de marzo de 1911: Las costureras de la fábrica Triangle Shirtwaist llevaban todo el largo día trabajando duro. Estaban apiñadas, 500 de ellas, en los tres pisos superiores del edificio Asch, a la vista del parque Washington Square, Manhattan.
Cientos de costureras, acurrucadas sobre máquinas de coser de pedal, confeccionaban blusas para mujer, una tras [...]]]></description>
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<p>25 de marzo de 1911: Las costureras de la fábrica Triangle Shirtwaist llevaban todo el largo día trabajando duro. Estaban apiñadas, 500 de ellas, en los tres pisos superiores del edificio Asch, a la vista del parque Washington Square, Manhattan.<br />
Cientos de costureras, acurrucadas sobre máquinas de coser de pedal, confeccionaban blusas para mujer, una tras otra. La luz de unas pocas lámparas de gas arrojaba largas sombras por la gran galería y había que esforzarse para ver en la semioscuridad. Montones de retazos de tela cubrían el piso .</p>
<p>Las costureras recibían pago por pieza, a destajo; la más rápida y más capacitada a duras penas ganaba 4 dólares por una semana de seis o siete días. Apenas daba para el alquiler de pequeños cuartos en las destartaladas vecindades y no quedaba casi para la comida.</p>
<p>Los capataces andaban al acecho, vigilando todo movimiento de las trabajadoras y cronometrando sus idas al baño. Había despidos por infracciones leves y en especial por señales de conexión con la fuerte organización socialista de los ghettos.<br />
Un letrero decía: &#8220;Si no vienes el domingo, ni piense en regresar el lunes&#8221;.</p>
<p>Nadie sabe cómo se inició el incendio en la fábrica Triangle. Jamás se había llevado a cabo un ejercicio de respuesta a incendios. Muy pocas trabajadoras sabían que existía una escalera de escape que bajaba por un angosto pozo vertical en el centro del edificio.</p>
<p>El horror pareció congelar la bulliciosa ciudad. Murieron 147 costureras. Rápidamente el nombre de la fábrica Triangle Shirtwaist recorrió el planeta. La mitad de la clase obrera neoyorquina trabajaba en los pisos superiores al séptimo, pero ni una compañía de bomberos estaba equipada para rescatarlos&#8230;</p>
<p>Las costureras de Triangle y sus compañeras de Nueva York dejaron un poderoso legado de lucha que se celebra cada año. En 1910, las delegadas de la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague proclamaron el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer, en honor del &#8220;Levantamiento de las veinte mil&#8221; (una huelga general de costureras de 500 talleres de Nueva York contra las condiciones inhumanas de trabajo).</p>
<p>El 8 de marzo de 1911, pocos días después del incendio de la fábrica Triangle, se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer en las calles de Alemania, Austria, Dinamarca y otros países.</p>
<p>Vamos a ver si juntos hacemos que el día de la mujer trabajadora deje de existir por que ya no tenga ningún sentido reivindicar nada en este sentido &#8230;</p>
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		<title>Gatillo fácil</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Jan 2010 16:26:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>flacoblog</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Historia]]></category>

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Por Carlos RomeroLa “masacre” de La Tablada sucedió hace casi 21 años, pero la investigación para esclarecer lo ocurrido ese día interminable en el Regimiento de Infantería Mecanizada Nº III recién ahora comienza a perfilarse. La clave está en el fallo que el juez federal Germán Andrés Castelli acaba de dictar en la causa 5110, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Carlos Romero<br style="padding: 0px; margin: 0px;" /><br style="padding: 0px; margin: 0px;" /><img class="alignleft" src="http://www.elortiba.org/graph/mtp.jpg" alt="" width="320" height="212" />La “masacre” de La Tablada sucedió hace casi 21 años, pero la investigación para esclarecer lo ocurrido ese día interminable en el Regimiento de Infantería Mecanizada Nº III recién ahora comienza a perfilarse. La clave está en el fallo que el juez federal Germán Andrés Castelli acaba de dictar en la causa 5110, donde dispuso que los 13 activistas capturados tras la recuperación de los cuarteles fueron víctimas de crímenes de lesa humanidad, al ser sometidos a vejaciones y, en 9 casos, directamente fusilados. “Lo que se investigan son casos de ejecuciones sumarias y torturas”, determinó el magistrado en su dictamen.<br style="padding: 0px; margin: 0px;" /><br style="padding: 0px; margin: 0px;" />El intento de copamiento de La Tablada fue llevado adelante por un grupo de militantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP), organización que entre sus principales figuras tenía al fallecido Enrique Gorriarán Merlo, que también había sido parte de la conducción del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). El saldo de la acción, que reprimieron militares y policías por orden del ex presidente Raúl Alfonsín, fue de 28 civiles muertos y otros 3 desaparecidos, junto a 11 caídos en las filas de las fuerzas de seguridad, comandadas por el general (R) Alfredo Manuel Arrillaga.<br style="padding: 0px; margin: 0px;" /><br style="padding: 0px; margin: 0px;" />En su momento, el grueso de la sociedad repudió lo hecho por el MTP, en tanto que sus militantes sostuvieron –y sostienen– que tomaron la decisión de avanzar sobre la unidad militar justamente para evitar un nuevo golpe de Estado.<br style="padding: 0px; margin: 0px;" /><br style="padding: 0px; margin: 0px;" />Tras un período de “oscurantismo” pericial, la investigación reveló la larga lista de violaciones a los derechos humanos cometidas por los uniformados. Para Martha Fernández Burgos, abogada querellante y viuda de Juan Manuel “Quito” Burgos –uno de los muertos en La Tablada– el dictamen confirma “que, tanto dentro como fuera de los cuarteles, reprimieron como en la época de la dictadura”.<br style="padding: 0px; margin: 0px;" /><br style="padding: 0px; margin: 0px;" />La resolución de Castelli, que fijó la imprescriptibilidad de estos delitos, también dispuso que se llame a prestar declaración indagatoria a Arrillaga –que cumple prisión domiciliaria en el marco de la causa por “La Noche de las Corbatas”, de junio de 1977, donde varios abogados fueron “desaparecidos” en Mar del Plata– y al mayor (R) Jorge Eduardo Varando, señalado como el último en tomar contacto con los activistas Iván Ruiz y José Alejandro Díaz, dos nombres clave para la Justicia. En los antecedentes de su escrito, Castelli recoge el informe elaborado en abril de 1997 por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, donde se sostuvo que Ruiz y Díaz “fueron capturados con vida y posteriormente ejecutados, luego de encontrarse bajo custodia y el control exclusivo de los agentes militares que recuperaron el cuartel”. <br style="padding: 0px; margin: 0px;" /><br style="padding: 0px; margin: 0px;" />La CIDH concluyó que “9 atacantes que sobrevivieron y fueron capturados por los militares (&#8230;), fueron ejecutados extrajudicialmente” y que “los 13 sobrevivientes (&#8230;), como otros cómplices aprehendidos fuera del cuartel, fueron torturados por agentes del Estado”.<br style="padding: 0px; margin: 0px;" /><br style="padding: 0px; margin: 0px;" />Al cierre de esta edición, Varando permanecía prófugo y el juez había dispuesto las actuaciones necesarias para que declare. Si bien el mayor ya lo había hecho en una etapa previa, Fernández Burgos especifica que el motivo fue “abuso de arma”, un delito menor.<br style="padding: 0px; margin: 0px;" /><br style="padding: 0px; margin: 0px;" />Por mucho tiempo, incluso después de que se conociera el informe de la CIDH, la versión oficial sobre el destino de Ruiz y Díaz fue que ambos habían logrado fugarse. Así fue hasta que el Cuerpo Médico Forense de la Justicia Nacional logró identificar, vía estudios de ADN, restos óseos pertenecientes a los dos militantes. No fue fácil. Sus cuerpos habían llegado a la morgue totalmente carbonizados.<br style="padding: 0px; margin: 0px;" /><br style="padding: 0px; margin: 0px;" />Como primera reacción, la defensa de Arrillaga apeló la decisión del juez, que ahora deberá elevar la causa a la Cámara Federal de San Martín, la misma que, en la causa Nº 1722 y basándose en la Ley de Protección de la Democracia, condenó a prisión a todos los miembros del MTP que participaron del intento de copamiento.<br style="padding: 0px; margin: 0px;" /><br style="padding: 0px; margin: 0px;" />Fernández Burgos, que tiene sus reparos sobre el futuro de la causa, recuerda que el cadáver de su esposo fue reconocido el 16 de diciembre de 1997, a ocho años del episodio. En esa tarea, además del Cuerpo Médico Forense, que realizó los exámenes de ADN, también participó el prestigioso Equipo de Antropología Forense, que llevó adelante la exhumación.<br style="padding: 0px; margin: 0px;" /><br style="padding: 0px; margin: 0px;" />Fue un proceso largo y duro. Y cuando la abogada obtuvo el certificado de defunción de su esposo, además de que no consignaba estado civil ni profesión, como fecha de deceso figuraba el día en que se realizó la exhumación y no la fecha en que “Quito” Burgos perdió la vida. Justamente, un interminable y caluroso 23 de enero de 1989.</p>
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		<title>El teniente Rodolfo (Marcelo Feito)</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Nov 2009 17:01:18 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[Fue el joven comunista argentino que murió en El Salvador. Cayó combatiendo en 1987 junto al FMLN. Integró las brigadas internacionalistas del PCA que se sumaron a las luchas revolucionarias en Latinoamérica en la década del ’80. Su admiración por Guevara.
Por Deborah Maniowicz
El Salvador cambió de color. Cuando se anunció la victoria del Frente Farabundo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Fue el joven comunista argentino que murió en El Salvador. Cayó combatiendo en 1987 junto al FMLN. Integró las brigadas internacionalistas del PCA que se sumaron a las luchas revolucionarias en Latinoamérica en la década del ’80. Su admiración por Guevara.</h3>
<p>Por Deborah Maniowicz</p>
<p><a href="http://operacionmemoria.files.wordpress.com/2009/03/feito.jpg"><img style="display: inline; margin-left: 0px; margin-right: 0px; border: 0px initial initial;" title="feito" src="http://operacionmemoria.files.wordpress.com/2009/03/feito-thumb.jpg" border="0" alt="feito" width="176" height="256" align="right" /></a>El Salvador cambió de color. Cuando se anunció la victoria del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) una marea roja copó cada rincón de las principales ciudades. Los rostros de Martí, del Che, se multiplicaron en cientos de remeras y banderas de jóvenes y no tanto, que transformaron la postal habitual de un país que fue gobernado durante casi veinte años por la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena).<br />
Pero puertas adentro del comando de campaña del FMLN la euforia se mezcló con recuerdos que dieron lugar a la emoción.<br />
“Hace casi 23 años insté a la Brigada General San Martín –integrada por jóvenes militantes de la Federación Juvenil Comunista de la República Argentina (Fede)– a combatir en El Salvador. Siempre me pesó esa responsabilidad y cuando conocí el escrutinio me cayeron lágrimas pensando en la lucha de Marcelo Feito que murió combatiendo junto al Frente”, comentó el titular del Partido Comunista argentino, Patricio Echegaray.<br />
El FMLN se creó en 1980 con el propósito de coordinar a los grupos armados que participaron en una guerra insurgente que duró hasta 1992. El enemigo era el gobierno de derecha, aliado del “imperialismo yanqui”, como lo caracterizaba la guerrilla por entonces. Y la lucha, claro, era por la liberación nacional. La conducción del Frente convocó a brigadas de jóvenes comunistas de toda Sudamérica. Así fue que, en 1985, desde la Argentina, partió hacia El Salvador la Brigada General San Martín, integrada por 15 militantes, entre ellos, Marcelo Feito.<br />
De inmediato, el guerrillero argentino se integró a las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL). Una consigna lo entusiasmaba: “Si Nicaragua venció, El Salvador vencerá”. Estuvo un año en Chalatenango, combatiendo junto al FMLN. Su nombre de guerra era “teniente Rodolfo”, pero sus camaradas de armas lo apodaron “Guevarita” porque siempre arengaba a los suyos con una frase: “Ahora vamos a ver si seremos como el Che, si ponemos el cuerpo y logramos vencer”.<br />
El 16 de septiembre de 1987, Feito puso el cuerpo y murió. Fue en combate. El “teniente Rodolfo”, un ex obrero metalúrgico, fue el único argentino que cayó durante esos años en tierra salvadoreña.<br />
Pasaron más de dos décadas. El FMLN hace años que le dijo adiós a las armas. Su triunfo llegó a través de las urnas, y el periodista Mauricio Funes fue elegido presidente.<br />
Vuelve a recordar Echegaray: “Marcelo admiraba al Che y a Fanny Edelman (voluntaria en la Guerra Civil Española y miembro del Comité Central del PCA). Era un gran antiimperialista con una conciencia patriótica y marxista. Él quiso y pudo ser como el Che. Este triunfo es de él”.<br />
Feito comenzó su militancia en la Federación Juvenil a finales de los ’70. Tiempo después se convirtió en el secretario general de la región norte. En 1985 se sumó a las “Brigadas del Café” en Nicaragua, una experiencia de los jóvenes comunistas argentinos que los acercó al proceso de la revolución sandinista. Un año después, partió a El Salvador.<br />
“El Teniente Rodolfo tenía muy claras sus ideas y nosotros aprovechamos su capacidad para fortalecer y animar la lucha de los otros combatientes. Él llegó en uno de los momentos más difíciles de la guerra y aportó su energía, su juventud y su fuerza para combatir en la zona más peligrosa. Allí murió. Allí se transformó en uno de los héroes que hermanó con sangre la relación del Partido Comunista argentino y el salvadoreño. Recuerdo que citaba continuamente al Che Guevara, que extrañaba los bifes de chorizo y que era muy solidario con sus compañeros”, recuerda Ramiro Vásquez, miembro de la comisión política del Frente Farabundo y jefe del comando de guerrilla que integró Feito. Continúa Vásquez: “En varias oportunidades puso en riesgo su cuerpo para sacar heridos y muertos. Jamás permitió que alguien se quede en medio de las fuerzas enemigas. Este triunfo es su homenaje”.</p>
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		<title>Ordenan detener a dos militares por fusilamientos</title>
		<link>http://flacosblog.com/ordenan-detener-a-dos-militares-por-fusilamientos</link>
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		<pubDate>Thu, 12 Nov 2009 17:53:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>flacoblog</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[COPAMIENTO DE LA TABLADA EN 1989
La Justicia Federal de Morón los acusó por torturas y fusilamientos, tras la rendición de los integrantes del grupo MTP que intentó tomar el cuartel.
La Justicia Federal de Morón ordenó la detención de dos militares acusados por presuntas torturas y fusilamientos de integrantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP), [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>COPAMIENTO DE LA TABLADA EN 1989</h3>
<h3><img class="aligncenter size-full wp-image-260" title="la tablada" src="http://flacosblog.com/wp-content/uploads/2009/11/la-tablada.jpg" alt="la tablada" width="600" height="360" />La Justicia Federal de Morón los acusó por torturas y fusilamientos, tras la rendición de los integrantes del grupo MTP que intentó tomar el cuartel.</h3>
<p>La Justicia Federal de Morón ordenó la detención de dos militares acusados por presuntas torturas y fusilamientos de integrantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP), que se habían rendido tras el fallido intento de copamiento del Cuartel de La Tablada, en enero de 1989.</p>
<p>Se trata del ex general Alfredo Arrillaga, quien ya se encuentra detenido acusado por delitos cometidos durante la represión en la dictadura, y del mayor Jorge Eduardo Varando, quien está procesado y camino al juicio oral por la represión del 19 y 20 de diciembre que precedió a la caída de Fernando De la Rúa, quien aún no fue detenido ya que no fue hallado por la policía en su casa.</p>
<p>Varando estuvo detenido acusado de haberle causado la muerte al manifestante Gustavo Benedetto durante los episodios que precedieron a la caída del gobierno de la Alianza, pero en 2004 la Corte Suprema modificó la acusación de &#8220;homicidio&#8221; por la de &#8220;abuso de armas&#8221; y así obtuvo su excarcelación.</p>
<p>Varando, según investiga la Justicia, era custodio privado del Banco HSBC, situado en proximidades de Plaza de Mayo, escenario de la sangrienta represión, desde donde se efectuaron disparos contra manifestantes.</p>
<p>Arrillaga, por su parte, era el comandante a cargo de la recuperación del cuartel, según una orden impartida por el entonces presidente argentino, Raúl Alfonsín.</p>
<p>Para ese entonces, estaba en actividad, beneficiado por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, pese a que había sido investigado por la denominada &#8220;Noche de las Corbatas&#8221;, ocurrida en junio de 1977 en Mar del Plata, cuando fueron secuestrados, desaparecidos y asesinados varios abogados locales.</p>
<p>El juez Germán Castelli, a cargo de una investigación impulsada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), resolvió que los nueve presuntos fusilamientos y los 20 supuestos casos de torturas contra guerrilleros durante y después de los episodios de La Tablada son &#8220;delitos de lesa humanidad&#8221;.</p>
<p>Además, estableció mediante un examen de ADN –aunque no con ciento por ciento de certeza- que uno de los cuerpos que desde 1989 permanecían como NN corresponde a José Alejandro Díaz, uno de los presuntos fusilados después de rendirse al fracasar el intento de copamiento de La Tablada.</p>
<p>En febrero de 2008, el juez pidió al Poder Ejecutivo la desclasificación de archivos reservados sobre los episodios de La Tablada, y obtuvo una aceptación parcial por parte de la presidenta Cristina Fernández, que admitió la liberación de esos documentos pero sólo para su conocimiento.</p>
<p>Castelli insistió en la necesidad de que los documentos estuvieran accesibles para las partes para garantizar el &#8220;debido proceso&#8221; y la &#8220;defensa en juicio&#8221;, pero aún no obtuvo respuesta por parte del Gobierno.</p>
<p>No obstante, el juez determinó que, con los elementos que tenía reunidos en el marco de la investigación, podía avanzar en al menos dos casos de presuntos fusilamientos: el de Díaz y el de otro integrante del MTP, Iván Ruiz, cuyos restos habían sido identificados en 2000.</p>
<p><strong>LOS HECHOS.</strong> El 23 de enero de 1989, 42 integrantes del MTP tomaron por asalto al Tercer Regimiento de Infantería Mecanizada General Belgrano, de la localidad de La Tablada.</p>
<p>El episodio terminó luego de 30 horas de enfrentamientos, durante las cuales se movilizaron 3.600 efectivos de la Policía y del Ejército.</p>
<p>El número de víctimas nunca fue determinado oficialmente, aunque los medios de comunicación hablaron de 39 muertos -de los cuales 28 eran civiles-, 60 heridos y 21 militantes del MTP presos.</p>
<p>Paralelamente, se presentaron denuncias incluso ante organismos internacionales sobre el presunto fusilamiento de tres miembros del MTP, realizado posteriormente a su rendición.</p>
<p>En 2003, el presidente Eduardo Duhalde decretó -a días de terminar su mandato- una amnistía para todos los presos de La Tablada, incluido Gorriarán Merlo.</p>
<p>Gorriarán Merlo, líder del MTP, conformó la conducción del Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP), grupo guerrillero socialista de la década del 70, junto a Mario Roberto Santucho.</p>
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		<title>A 36 años de la caída de Salvador Allende</title>
		<link>http://flacosblog.com/a-36-anos-de-la-caida-de-salvador-allende</link>
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		<pubDate>Mon, 14 Sep 2009 23:00:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>flacoblog</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[La verdadera muerte de un presidente
 
 
Artículo escrito por Gabriel García Márquez en septiembre de 2003, al cumplirse tres décadas del golpe militar en Chile
La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado, y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><span style="color:#ff0000;"><strong>La verdadera muerte de un presidente</strong></span></h2>
<p><span style="color:#ff0000;"><strong> </strong></span></p>
<h3 style="text-align:justify;"><span style="color:#0000ff;"><em><img class="aligncenter size-full wp-image-199" title="allende" src="http://flacoblog.files.wordpress.com/2009/09/allende.jpg" alt="allende" width="400" height="385" /><span style="color: #c0c0c0;"> </span></em></span></h3>
<h3 style="text-align:justify;"><span style="color:#0000ff;"><em><span style="color: #c0c0c0;">Artículo escrito por Gabriel García Márquez en septiembre de 2003, al cumplirse tres décadas del golpe militar en Chile</span></em></span></h3>
<p>La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado, y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa. La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno, sino desde el poder.</p>
<p>Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó convertida en el refugio de un Presidente sin poder.</p>
<p>Resistió durante seis horas con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás.</p>
<p>El periodista Augusto Olivares que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la asistencia pública.</p>
<p>Hacia las cuatro de la tarde el general de división Javier Palacios, logró llegar hasta el segundo piso, con su ayudante el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de Dragones Chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando. Llevaba en la cabeza un casco de minero y estaba en mangas de camisa, sin corbata y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano.</p>
<p>Allende conocía al general Palacios. Pocos días antes le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso, que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vió aparecer en la escalera, Allende le gritó: Traidor y lo hirió en la mano.</p>
<p>Allende murió en un intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los oficiales en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último un oficial le destrozó la cara con la culata del fusil.</p>
<p>La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del periódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que la Sra. Hortencia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.</p>
<p>Había cumplido 64 en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible.</p>
<p>Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros, y era de una galantería un poco a la antigua, con esquela perfumadas y encuentros furtivos.</p>
<p>Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la voluntad de los partidos de la oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que el se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro.</p>
<p>El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo, que se quedó en nuestras vidas para siempre.</p>
<p><span style="color:#ff0000;"><strong>Gabriel García Márquez</strong></span></p>
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		<title>Augusto C. Sandino -General de los hombres libres-</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Aug 2009 00:03:51 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[AUGUSTO C. SANDINO, general de los hombres libres
Por Aldo Díaz Lacayo
En una coyuntura regional de lucha nacionalista y revolucionaria, le bastaron cinco años a Augusto C. Sandino para completar su formación político-ideológica en la universidad de la vida. Había salido de su pueblo natal, Niquinohomo, en junio de 1921, para regresar a Nicaragua en junio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>AUGUSTO C. SANDINO, general de los hombres libres</strong><br />
<strong>Por Aldo Díaz Lacayo</strong></p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-173" title="der-a-c-sandino-2009-05-19-13298" src="http://flacoblog.files.wordpress.com/2009/08/der-a-c-sandino-2009-05-19-13298.jpg" alt="der-a-c-sandino-2009-05-19-13298" width="301" height="228" />En una coyuntura regional de lucha nacionalista y revolucionaria, le bastaron cinco años a Augusto C. Sandino para completar su formación político-ideológica en la universidad de la vida. Había salido de su pueblo natal, Niquinohomo, en junio de 1921, para regresar a Nicaragua en junio de 1926, a integrarse a la guerra civil en defensa de la Constitución, que había estallado el mes anterior.</p>
<p>Una primera formación político-sindical en las compañías norteamericanas de la costa Caribe de Centroamérica (1921-1923) —incluida la de su patria—, cimentada no sólo en la lucha por mejores condiciones laborales sino principalmente en la reivindicación militante de la soberanía nacional; y una segunda revolucionaria, en la región petrolera del Golfo de México durante el período de mayor desarrollo de la revolución mexicana (1923-1926), signado por la confrontación con potencias extranjeras que dominaban el petróleo. Una formación igualmente cimentada en la defensa de la soberanía nacional pero ésta vez desde el gobierno revolucionario de México y con base en la Constitución de 1917 —la primera en el mundo que reconoce los derechos sociales y proclama la propiedad del Estado sobre el suelo y el subsuelo.</p>
<p>La defensa de la soberanía nacional frente a potencias extranjeras en el marco de la Constitución de la República, deviene, entonces, en fundamento doctrinario, político-ideológico, de Augusto C. Sandino, los mismos principios que enarbolaba la nueva guerra civil nicaragüense, reconocida precisamente como Guerra Constitucionalista; porque reivindicaba el derecho constitucional del Vicepresidente a asumir la presidencia al renunciar el Presidente. Derecho anulado manu militari por el gobierno de Los Estados Unidos, que desde 1912 mantenía ocupada militarmente a Nicaragua. Suficiente motivación para Sandino.</p>
<p>Pero esta motivación, profundamente sentida pero racionalmente asumida, se estrella muy pronto contra el espíritu oportunista —pragmático, según los interventores—, del jefe militar de la Guerra Constitucionalista. Presionado-halagado por el delegado personal del presidente norteamericano, este jefe decide deponer las armas, a las puertas del triunfo, a cambio de la presidencia de Nicaragua. Tal como sucedió en noviembre de 1928.</p>
<p><span id="more-172"></span>En efecto, el 4 de mayo de 1927 el jefe militar nicaragüense, José María Mocada, firma con Henry L. Stimson, delegado del presidente Coolidge, el Pacto del Espino Negro —así reconocido históricamente porque fue rubricado bajo un frondoso árbol de ese nombre, en la entonces Villa de Tipitapa, muy cercana a Managua. Algunos historiadores niegan el hecho de la firma, que el propio Moncada reconoce.</p>
<p>Pero también ese 4 de mayo —que el Frente Sandinista reivindica como día de la dignidad nacional— Augusto C. Sandino inicia su entrada triunfante a la historia, de Nicaragua, de América Latina y El Caribe, y del Mundo. Porque al rechazar el Pacto del Espino Negro Sandino decide confrontarse directamente contra el interventor, cambiando así radicalmente la naturaleza de la guerra: de una guerra civil a una guerra de liberación nacional. De una guerra en defensa de la Constitución a otra por la reivindicación plena de la soberanía e independencia nacional; y del derecho internacional, principalmente de los principios de autodeterminación y no-intervención. El propio Sandino denominó a su organización militar como Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.</p>
<p>Fue una larga guerra irregular, del 4 de mayo de 1927 al 1 de enero de 1933, infinitamente desigual en tropas, armamento y tecnología —el pequeño ejército loco, como le llamó Gabriela Mistral, contra un imperio mundial—, durante la cual Los Estados Unidos utiliza la aviación como arma de guerra, por primera vez en la historia militar universal. Una guerra que termina sin embargo con la derrota del imperio, porque, dice Neruda “Sandino con sus guerrilleros,/ como un espectro de la selva,/ era un árbol que se enroscaba/ o una tortuga que dormía/ o un río que se deslizaba./ Pero árbol, tortuga, corriente/ fueron la muerte vengadora,/ fueron sistemas de la selva,/ mortales síntomas de araña.”</p>
<p>Una guerra por lo mismo altamente productiva, un hito en la historia de las luchas por la liberación nacional de los pueblos, en todas las latitudes de la tierra, a pesar de los denodados esfuerzos del imperio por desacreditarla, también en todos los confines. Se impuso la causa ideológica, la novedosa estrategia militar de guerra de guerrillas, y la extraordinaria política comunicacional de Augusto C. Sandino. Prevalecieron los principios, la verdad, la inteligencia.</p>
<p>A nivel nacional Sandino levantó las expectativas populares desde el mismo momento de su rechazo al Pacto del Espino Negro. Y las mantuvo en alto a pesar de la represión, no sólo porque a Los Estados Unidos le resultaba imposible ocultar el intenso movimiento de las tropas interventoras, sino porque el propio Sandino desarrolló una red de inteligencia popular que le permitía ubicar al enemigo y publicitar boca-a-boca las derrotas que le inflingía.</p>
<p>Igualmente, en el ámbito internacional los éxitos de Sandino fueron trascendentales. A menos de un año de iniciada su lucha obligó, literalmente, a la Sexta Conferencia Interamericana reunida en La Habana en enero de 1928 y presidida nada menos que por Calvin Coolidge, presidente del imperio, a considerar como su verdadero objetivo, fuera de agenda desde luego, la agresión contra Nicaragua y la demanda regional a favor de la aprobación del principio de no-intervención como fundamento de la convivencia regional —finalmente aprobado en la siguiente Conferencia, en Montevideo. La Sexta Conferencia Interamericana es el antecedente histórico de la V Cumbre de las Américas, recién celebrada en Trinidad y Tobago, durante la cual todos los gobiernos de América Latina y El Caribe, también fuera de agenda, demandaron al presidente Barack Obama el levantamiento del bloqueo norteamericano a Cuba.</p>
<p>Pero su acción internacional más relevante fue su propuesta del 20 de marzo de 1929, presentada a todos los gobernantes de América Latina —continental y antillana, como él la llamaba—, conocida como Plan de realización del Supremo sueño de Bolívar. Un Plan que retoma la idea unitaria de Bolívar, proponiendo la creación de la ciudadanía latinoamericana, la conformación de la base de un ejército regional, y la institucionalización de la Corte de Justicia Latinoamérica como máxima instancia de poder regional. Un propuesta que con las modalidades propias de la coyuntura actual está siendo retomada por los países de la región.</p>
<p>Y ese mismo año, en medio de una inflexión en la solidaridad internacional, decide viajar a México en busca de pertrechos y avituallamiento para continuar la guerra. Una visita pactada por los gobiernos de México y Los Estados Unidos para confinar a Sandino en Mérida, tal como él mismo lo denunció y la historia lo confirmó, obligándolo a prolongar su visita por un año. Una decisión insólita, que despertó en la derecha regional e internacional la expectativa del fin de la guerra de liberación en Nicaragua, la confirmación de la hegemonía norteamericana sobre la región. Sin embargo, durante todo ese año la guerra continuó su curso exitoso, agigantando así la figura de Sandino y de sus lugartenientes —y por extensión, de los nicaragüenses.</p>
<p>Fue tan grande la proyección antiimperialista internacional de Augusto C. Sandino, que el reconocido intelectual socialista francés Henri Barbusse, destacado miembro de la solidaridad europea con la causa de la liberación nacional de Nicaragua, lo llamó general de los hombres libres.</p>
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		<title>A 37 años de la Masacre de Trelew</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Aug 2009 07:11:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>flacoblog</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[1972 -22 de Agosto &#8211; 2009
El 15 de agosto de 1972, en el gobierno dictatorial del General Alejandro Agustín Lanusse, veinticinco presos políticos pertenecientes al PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo); las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y Montoneros, se fugaron del penal de Rawson en la provincia de Chubut. Seis de ellos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>1972 -22 de Agosto &#8211; 2009</h2>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-170" title="trelew" src="http://flacoblog.files.wordpress.com/2009/08/trelew.png" alt="trelew" width="342" height="450" />El <strong>15 de agosto de 1972</strong>, en el gobierno dictatorial del General Alejandro Agustín Lanusse, veinticinco presos políticos pertenecientes al PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo); las <strong>FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias)</strong> y <strong>Montoneros</strong>, se fugaron del penal de Rawson en la provincia de Chubut. <strong>Seis de ellos</strong> lograron llegar al Chile de Salvador Allende. Diecinueve no alcanzaron a subir al avión. Se entregaron luego de acordar públicamente garantías para su integridad física. <strong>El 22 de agosto los diecinueve prisioneros fueron fusilados a mansalva </strong>con ráfagas de ametralladoras en la base naval Almirante Zar. <strong>Tres de ellos sobrevivieron</strong> para contar la historia que hoy recuperamos, para mantener viva la memoria, para no olvidar, ni perdonar.</p>
<p><strong>Los fusilados:</strong></p>
<p>Carlos Alberto Astudillo (FAR)</p>
<p>Rubén Pedro Bonet (PRT-ERP)</p>
<p>Eduardo Adolfo Capello (PRT-ERP)</p>
<p>Mario Emilio Delfino (PRT-ERP)</p>
<p>Alberto Carlos del Rey (PRT-ERP)</p>
<p>Alfredo Elías Kohon (FAR)</p>
<p>Clarisa Rosa Lea Place (PRT-ERP).</p>
<p>Susana Graciela Lesgart de Yofre (MONTONEROS).</p>
<p>José Ricardo Mena (PRT-ERP).</p>
<p>Miguel Ángel Polti (PRT-ERP).</p>
<p>Mariano Pujadas (MONTONEROS).</p>
<p>María Angélica Sabelli (FAR)</p>
<p>Ana María Villareal de Santucho (PRT-ERP).</p>
<p>Humberto Segundo Suarez (PRT-ERP).</p>
<p>Humberto Adrián Toschi (PRT-ERP).</p>
<p>Jorge Alejandro Ulla (PRT-ERP).</p>
<p><strong>Los sobrevivientes: </strong></p>
<p>Maria Antonia Berger (MONTONEROS).</p>
<p>Alberto Miguel Camps (FAR).</p>
<p>Ricardo René Haidar (MONTONEROS)</p>
<p><strong>Seis compañeros lograron fugar el 15 de agosto, llegaron a Chile y luego a Cuba:</strong></p>
<p>Roberto Quieto. (FAR)</p>
<p>Marcos Osatinsky. (FAR)</p>
<p>Domingo Mena, (PRT-ERP)</p>
<p>Mario Roberto Santucho, (PRT-ERP)</p>
<p>Enrique Gorriarán Merlo. (PRT-ERP)</p>
<p>Fernando Vaca Narvaja. (MONTONEROS)</p>
<p>Los presos de la cárcel de Rawson no estaban solos. Muchos vecinos de la ciudad se ofrecieron como apoderados de los presos y conformaron la Asamblea del Pueblo. Ellos  también fueron víctimas de la represión del Estado pocos meses después de la fuga: el gobierno nacional mandó allanamientos a numerosos domicilios y comercios y terminó deteniendo a 15 personas que trasladó a la cárcel de Devoto.</p>
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		<title>San Martín: últimas clases de un maestro</title>
		<link>http://flacosblog.com/san-martin-ultimas-clases-de-un-maestro</link>
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		<pubDate>Tue, 18 Aug 2009 23:44:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>flacoblog</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por Oscar Taffetani 
Reconstruyamos un fugaz momento de nuestra historia. No es un gran momento. No salió en los diarios de la época. No lo evocaron los ministros ni los funcionarios en sus discursos de este 17 de agosto. No está en los libros de texto. No está en la Historia de Grosso (el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span>Escrito por Oscar Taffetani </span></p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-166" title="1154615895_863b061c9d" src="http://flacoblog.files.wordpress.com/2009/08/1154615895_863b061c9d.jpg" alt="1154615895_863b061c9d" width="446" height="333" />Reconstruyamos un fugaz momento de nuestra historia. No es un gran momento. No salió en los diarios de la época. No lo evocaron los ministros ni los funcionarios en sus discursos de este 17 de agosto. No está en los libros de texto. No está en la <em>Historia de Grosso </em>(el profesor) ni en la <em>Historia de Grosso</em> (el intendente). Sin embargo, hay un relato. Hubo un relato. Y merecemos conocerlo.</p>
<p>Corre febrero de 1829. Anclado en la rada del puerto de Buenos Aires, cerca de la boya de cabecera, está el buque de carga inglés <em>Countess of Chichester</em>, partido de Falmouth en diciembre y arribado en enero. Un pasajero del buque, con documentos extendidos a nombre de “José Matorras” (José de San Martín), permanece a bordo sin decidirse a desembarcar.</p>
<p>El país (las jóvenes Provincias Unidas del Río de la Plata) se halla desgarrado por pujas de poder y pujas comerciales de los pequeños caciques políticos. Advertidos de la posible llegada de San Martín, mandaron a colgar un cartel muy cerca de la catedral, recriminando al general sus “cinco años de ausencia” y sugiriendo que recién se animó a volver a la patria “firmadas las paces con el Brasil”.</p>
<p>Dos leales subordinados de San Martín en sus campañas, el coronel Manuel de Olazábal (29) y el mayor José Antonio Álvarez de Condarco (49), enterados de su presencia, deciden ir a visitarlo en secreto.</p>
<p>Camino al puerto, al pasar por el viejo mercado de la plaza de la Victoria, compran fragantes duraznos mendocinos, que llevarán como un saludo de la tierra a ese hombre sencillo, que ha sabido rechazar los halagos mezquinos de la fama y los privilegios.</p>
<p>No podemos saber qué hablaron aquellos oficiales del disuelto Ejército Libertador con su jefe. Sólo sabemos que se despidieron con lágrimas en los ojos. Condarco debió tomar por los hombros y separar al joven Olazábal, quien no terminaba de abrazar, desconsolado, a su General.</p>
<p>Lo concreto, lo que quedó registrado, es que San Martín decidió no desembarcar en Buenos Aires y volvió en ese mismo buque inglés a Montevideo, donde permaneció un tiempo más antes de retornar definitivamente a Europa.</p>
<p>Antes de cruzar de nuevo el océano, alcanzó a escribir en Montevideo algunas cartas, una de ellas dirigida al general Tomás Guido. En esa carta, donde responde a la oferta que le ha hecho el general Juan Lavalle de hacerse cargo <em>manu militari</em> de la gobernación de Buenos Aires, están vivos el pensamiento y espíritu de San Martín. Transcribiremos algunos pasajes:</p>
<div style="text-align:center;"><strong>Militar sí, golpista no </strong></div>
<p><span id="more-165"></span><br />
“Las agitaciones -escribe San Martín- en diecinueve años de ensayos en busca de una libertad que no ha existido y, más que todo, las difíciles circunstancias en que se halla en el día nuestro País, hacen clamar a lo general de los hombres (&#8230;) no por un cambio en los principios que no rigen (y que en mi opinión es donde está el verdadero mal) sino por un gobierno vigoroso, en una palabra, militar, porque el que se ahoga no repara en lo que se agarra. Igualmente convienen (y en eso todos) que para el País pueda existir, es de absoluta necesidad, que uno de los dos partidos en cuestión desaparezca; al efecto, se trata de buscar un salvador que reuniendo el prestigio de la victoria, el concepto de las provincias y, más que todo, un brazo vigoroso, salve la Patria de los males que la amenazan: la opinión presenta este candidato: él es el general San Martín (&#8230;) Ahora bien, partiendo del principio de ser absolutamente necesario el que desaparezca uno de los dos partidos contendientes por ser incompatible la presencia de ambos con la tranquilidad pública, ¿será posible que sea yo el escogido para ser el verdugo de mis conciudadanos y, cual otro Sila, cubra mi patria de proscripciones? No, jamás, jamás. Mil veces preferiré envolverme en los males que la amenazan que ser yo el instrumento de tamaños horrores&#8230;”</p>
<p>“Mi Amigo, veamos claro: la situación de nuestro País es tal que al hombre que lo mande no le queda otra alternativa que el de apoyarse sobre una facción o renunciar al mando; esto último es lo que yo hago. Años hace que V. me conoce con inmediación y le consta lo indócil que soy para suscribir a ningún partido (&#8230;) No faltará algún Catón que afirme tener la Patria un derecho de exigir a sus hijos todo género de sacrificio; yo responderé que esto, como todo, tiene sus límites, que a ella se debe sacrificar sus intereses y vida, pero no su honor y principios&#8230;”</p>
<p>“He realizado 5.000 pesos en metálico y con el sacrificio que puede V. ver por el cambio del día, con ellos y lo que me reditúen mis bienes, pienso pasar al lado de mi hija los dos años que juzgo necesarios para completar su educación. Finalizado este tiempo, regresaré al País en su compañía, bien designado a seguir la suerte a la que me halle destinado, en este intermedio no faltarán hombres que aprovechándose de las lecciones que la experiencia les ofrece, pongan la tierra a cubierto de los males que experimenta. Ésta es mi esperanza; sin ella y sin el sueño (como dice un filósofo) los vivientes racionales dejarían de existir&#8230;”</p>
<div style="text-align:center;"><strong>Uno de nuestros Padres. Un padre</strong></div>
<p>Cruzó los Andes a lomo de mula y por momentos en camilla. Nada de caballito blanco. El sombrero era un sombrero lapacho, sencillo, el mismo que usaban los paisanos. La gota le impedía levantar el brazo derecho y tomaba láudano (jarabe elaborado con una opiácea) para calmar los dolores. Su matrimonio estuvo signado por la ausencia y la pérdida. No así su paternidad, que ejerció con responsabilidad y desvelo, hasta el último día. En ese difícil arte de renunciar a honores y prebendas (lo mismo que el Che, valga la insolente comparación), San Martín acumuló en vida un rosario de medallas morales. Recordemos aquí algunas:</p>
<p>No quiso ocupar la residencia especial que le preparó el Cabildo de Mendoza, cuando fue a preparar el Ejército de los Andes. Asimismo, se negó a cobrar una compensación por la mitad del sueldo militar que había dejado de recibir por propia decisión. Y del producido de la finca rural en la que habitaba, pidió que la tercera parte se destinara al Hospital de Mujeres y al pago de un vacunador que previniera por el azote de viruela.</p>
<p>Rechazó 10.000 pesos oro para “gastos de viaje” que le ofreció el Cabildo de Santiago de Chile, después del triunfo de Chacabuco. Pidió que se destinaran a fundar la primera biblioteca pública de esa ciudad, origen de la actual Biblioteca Nacional de Chile.</p>
<p>Renunció al título de <em>Protector del Perú</em> y se negó a que lo nombraran <em>Dictador del Perú</em> (como se estilaba, imitando las categorías del Imperio Romano). También renunció a ser nombrado Director Supremo de Chile. Y declinó el ofrecimiento de ser Plenipotenciario de la Confederación Argentina y canciller del gobierno de Rosas.</p>
<p>Luego del triunfo de Maipú, en tierras trasandinas, al caer en su poder el archivo secreto de Osorio, con los nombres de los confidentes e informantes que tenía el Ejército Español, lo mandó a incinerar, invitando a deponer enfrentamientos entre hermanos, para poder construir.</p>
<p>En nuestra hagiografía es el <em>Santo de la Espada</em>, el <em>Gran Capitán</em>, el <em>Padre de la Patria</em>. Preferimos recordarlo, desde esta página, como a un hombre común, alguien que supo construirse y edificarse a sí mismo como líder y conductor. Uno de nuestros Padres. Un padre.</p>
<p>Escribe Rodolfo Terragno, en su investigación titulada <em>Maitland y San Martín</em>: “En los doce años transcurridos entre su partida a bordo de la <em>George Canning </em>y su regreso a Londres, San Martín llevó a la práctica el plan anticipado, en 1800, por aquel escocés, Maitland, que murió en Ceilán el 21 de enero de 1824, pocos meses antes del regreso de San Martín a Inglaterra (&#8230;) Es posible, por lo tanto, que San Martín haya coincidido con Maitland sin saberlo. Sería, sin embargo, una coincidencia asombrosa&#8230;”</p>
<p>En 1929, más de medio siglo antes del descubrimiento de Terragno, un capitán del Ejército Argentino, Leopoldo Ornstein, profesor del Colegio Militar, publicó en dos tomos su obra <em>La campaña de los Andes a la luz de las doctrinas de guerra modernas</em>. Allí extrae conclusiones que nos permiten valorar el genio de San Martín y poner la debida distancia con la receta del ignoto granadero británico y administrador Peregrine Maitland.</p>
<p>“La organización económica de la provincia de Cuyo -dice Ornstein- para extraer de ella los elementos y recursos necesarios a la realización de esta campaña, es digna de estudio. El concepto de ‘la nación en armas’ lanzado al mundo militar por el mariscal Von der Goltz, ha tenido su consagración en Cuyo, medio siglo antes. La intervención de todas las actividades en la preparación de la campaña y la contribución directa de todos los cuyanos ‘sin distinción de sexo ni edades’, es digna de los tiempos espartanos&#8230;”</p>
<p>Es que el carácter de las guerras de independencia y liberación (tales las que condujeron nuestro general San Martín y nuestro Manuel Belgrano), no puede ser adjudicado ni definido en un laboratorio, ni en una escuela militar. Las guerras coloniales, como ésas que planeó el granadero Maitland, eran guerras de invasión. Eran otras guerras.</p>
<p>José de San Martín, maestro de moral y de política para todos los argentinos, sigue entregándonos sus lecciones, sin plazos ni condicionamientos. Sigue enseñándonos, a quienes estemos dispuestos a aprender.</p>
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		<title>El Negrito Fernandez</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Aug 2009 08:23:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>flacoblog</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[Antonio del Carmen Fernández, el Negrito, fue uno de cientos de hombres y mujeres del Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). Su historia es símbolo, reflejo y enseñanza de una época. Su historia es una entre miles. Su vida es crónica de una organización política que utilizó la lucha armada como herramienta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-149" title="fernandez" src="http://flacoblog.files.wordpress.com/2009/08/fernandez.jpg" alt="fernandez" width="100" height="130" />Antonio del Carmen Fernández, el Negrito, fue uno de cientos de hombres y mujeres del Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). Su historia es símbolo, reflejo y enseñanza de una época. Su historia es una entre miles. Su vida es crónica de una organización política que utilizó la lucha armada como herramienta en busca de un sueño.</p>
<p>El viento calcinante agitaba apenas el cañaveral. Fue un segundo. Dos siluetas invisibles, un rumor. Después, nada. Para cuando los matones de los Frías Silva volvieron a buscar con la vista movimientos sospechosos, sólo el sonido de los grillos se distinguía en la plantación. Por las dudas, se mantuvieron alertas, al menos hasta que el rumor de la movilización de cañeros avanzando del lado opuesto del ingenio, los obligó a abandonar su posición. Ya venían… Panza abajo, protegidos por la espesura, las dos siluetas invisibles murmuraban. Ya llegan, es ahora, dijo uno. El otro no dudó, prendió la molotov y, en dos movimientos, se paró y la lanzó con precisión contra el puesto de la guardia. El fuego, en la maloja reseca, explotó. Y comenzó a ganar el cañaveral. Ahora sin cuidados, Robi y el Negrito abandonaron su refugio para salir corriendo hacia la tranquera. Atrás, las lenguas de fuego invadían el ingenio San José. Atrás, los matones de los Frías Silva se dispersaban confusamente ante el ataque por la retaguardia. La multitud de cañeros aprovechó el estallido del fuego para avanzar y ocupar con fiereza el ingenio. En un rato, las siluetas invisibles se sumaban al grupo que tomaba el imperio de los Frías Silva. Antonio Enrique del Carmen Fernández se llamaba una de las dos siluetas sigilosas que esa tarde incendiaron el cañaveral. El Negrito, le decían, y desde los ocho años se había incorporado a la zafra, dejando el colegio en segundo grado. Hijo único de doña Lucía, sirvienta de los patrones, el Negrito había sido también limpiabotas y, cuando podía, entrenaba para boxeador. Para sus compañeros del ingenio San José, fue con los años erigiéndose en una referencia de lucha durante la oleada de huelgas en la industria azucarera, a principios de los sesenta, en Tucumán. Escuchaba, en silencio y con respeto, el relato de los viejos cañeros que en los cuarenta habían protagonizado una huelga grande que duró 45 días por el cierre de unos seis ingenios, con policía, ejército y muertos incluidos. Muchos años después, cuando ya había aprendido a leer y escribir, el Negrito se encargaría de poner sobre papel los detalles del régimen de explotación extrema al que eran sometidos: “Esto es lo que recordaba la gente vieja: decían que se los trataba como animales, y que no los amparaba ninguna ley de trabajo; decían que en la fábrica se trabajaba 16 horas por día; recordaban que en un tiempo les daban de comer en bationes que tenían en la fábrica. Esto lo hacían para ganar más tiempo en la producción, decían que había que andar más rápido, también llegaron a usar el látigo. (…) En el cerco el trabajo es más duro y sacrificado. ¿Por qué? Porque los obreros tenían que levantarse más temprano para ir al surco a las dos o tres de la mañana”. “También decían que cuando un compañero quería que sus hijos aprendan a leer, los patrones trataban de desmoralizarlos, que no pierdan el tiempo, cómo lo iban a estar manteniendo, que lo lleven a trabajar con ellos al cerco; le decían los patrones: ¿acaso vos no te has criado trabajando? El día de mañana se cría y se te manda a mudar a Buenos Aires. ¿Qué remedias? Algunos les contestaban que ya que ellos no habían tenido esa suerte de aprender a leer que la tengan sus hijos para que el día de mañana sepan defenderse. Esto no le gustaba a los patrones”, contaba el Negrito. También escuchaba el Negrito el relato de los zafreros cuando se referían al “Familiar”. En ese momento, bajaban la voz, cuchicheaban casi el acuerdo entre aquel monstruo que se aparecía por las noches y los patrones, que lo contrataban para sacarse de encima laburantes rebeldes: “Los patrones tenían un poder muy grande, un contrato con el ‘Familiar’ que era hijo del Diablo, lo que pasaba era que cuando un obrero quería organizar algo con el conjunto para protestar por las injusticias, decían que la patronal lo hacía citar a una hora determinada de la noche y los patrones agarraban, lo mataban y después la respuesta que le daban a la gente, le decían que el ‘Familiar’ lo había llevado porque había protestado y le faltó el respeto al patrón. De esa manera conseguían que la gente no se organizara y que tenga un pánico espantoso. Compañeros, les aclaro que la gente todavía es creyente en estas cosas, en el asunto de brujos y de demonios, en la zona montañosa. Todo esto les debe dar una idea que no era fácil organizar a los compañeros”. No era nada fácil, pero el atraso en los pagos y el cierre de ingenios en 1961 fue encendiendo los ánimos. En ese año, en el ingenio San José, se produce la primera ocupación de fábrica con toma de rehén: el administrador, “que era audaz y quiso hacerse el malo”, cuenta el Negrito. “Le explicaron los compañeros que se terminaron las épocas del ‘Familiar’ y que estábamos dispuestos a todo si no pagaban. San José salió al otro día en el diario con letras grandes”. El conflicto fue un triunfo para los obreros, la patronal reconoció los días de huelga, pagó sueldos atrasados y se comprometió a no tomar represalias contra los huelguistas. Por entonces, la presión de los trabajadores terminó por recuperar la Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar (FOTIA), donde se impuso una dirección combativa. Desde la FOTIA se fue radicalizando el plan de lucha, con Leandro Fote como el dirigente más destacado de la nueva conducción. <span id="more-148"></span>En una de aquellas reuniones en el sindicato, el Negrito, ahora secretario adjunto del ingenio San José, separó a Fote y lo enfrentó con sus dudas y los rumores que la gente contaba sobre su militancia: “Nos apartamos con Leandro y yo le pregunto si era verdad que era comunista; se sorprendió, titubeó un poco y me dijo que no. ¿Y cómo la gente dice que vos sos comunista? Y entonces le agregué si porque lo habían metido preso, y le dije, bueno, quedate tranquilo ya veo que me tenés desconfianza; no tengas miedo, presentame esa gente y que me explique la política y el sindicalismo porque yo no sé ni mierda, hermano. Después me dice: Sí, te voy a presentar” .</p>
<p>La tormenta se asoma, amenazante, y potencia la infinita sensación de pequeñez del bote a medio camino, en mitad del río. Las islas Lechiguanas, al norte del Delta del Paraná, todavía no dejan ver sus bordes por la bruma espesa, y el bote se bambolea peligrosamente. A bordo, un hombre consulta sus notas, mitad ansioso y mitad sereno por llegar a destino. ¿Sabe Benjamín a quién transporta en su bote rumbo a las islas esa madrugada? ¿Sabe algo de ese hombre que consulta sus notas con los primeros rayos de luz, vestido humildemente, morocho, silencioso? ¿Sabe Benjamín que será un revolucionario respetado y admirado, seguido y perseguido, desaparecido y demonizado, y olvidado por la noche de los tiempos? Sabe, eso sí, que su pasajero forma parte de la dirección de un joven partido, que lo espera una importante reunión (el V Congreso, sabe) a realizarse en el ranchito de un viejo anarquista, un ermitaño, único habitante de las Lechiguanas. No sabe que su pasajero, apenas unos meses atrás en el tiempo, en la soledad de su celda, escribió: “Una tarde,/ rodeado de la verde claridad de tu paisaje,/ atravesada mi delgada corteza/ por el estridente desafío de tu líder,/ fortalecido en mi entrega/ ante la abnegada presencia de mis hermanos/ heroicos partícipes de tu sufrimiento,/ con mi roja savia/ calentándose en el apretado brazo/ del informe coloso/ que te calcina y te fecunda,/ descubrí mis entrañas,/ supe que tu rebeldía me pertenece,/ aprendí que mis fibras/ -como el estirado cuero de tu voz-/ sólo se satisfacen y trascienden/ con el rítmico golpear/ que en el nombre del futuro/ reclama la lucha por tu liberación”.</p>
<p>El clima seguía caldeado en Tucumán y crecía la resistencia ante nuevos despidos en los ingenios. Al mismo tiempo, se multiplicaba la influencia de la FOTIA entre los trabajadores. Cada toma de fábrica, cada movilización, cada paro, integraba también el problema de la autodefensa ante la represión que convocaba la patronal. “Les aclaro que la gente llevaba piedras y palos, machetes y cuchillos de pelar caña. Tomamos la fábrica, la patronal al principio nos apunta y al ver que toda la gente avanzaba y que los soldados y la policía no querían tirar, también se cagaron de miedo, subieron a los autos y se fueron”, recuerda el Negrito. Entre aquella multitud de cañeros, la figura de un morocho santiagueño de voz tenue y nariz aguileña no llamaba la atención. Trabajaba, desde hacía algún tiempo, en la contaduría del sindicato del San José y conocía a todos los dirigentes de la FOTIA. Era uno más en las tomas y en las huelgas, pero se distinguía del resto cuando había que enfrentar a los matones de la patronal. Decidido, iba al frente en las acciones de sabotaje. Aportaba propuestas, guardaba silencio para escuchar a los obreros de la zafra, hablaba en voz baja, pero con una firmeza poco habitual. Con los días de conflicto, acompañaba al Negrito Fernández a todos lados, y la gente lo escuchaba. Traía siempre consigo el periódico Norte Revolucionario, y en la intimidad reconocía su pertenencia al Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP), con cierta presencia en Santiago del Estero, Chaco, Salta y Tucumán. Se llamaba Mario Roberto Santucho, o Robi a secas Por entonces, el FRIP había cerrado un acuerdo con el grupo trotskista Palabra Obrera para conformar el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Robi y otros compañeros del PRT se ocuparon de instalar una escuela en el sindicato para los hijos de los obreros, con lo cual estrecharon relaciones con las familias y no había bautismo, casamiento o cumpleaños al que no fueran invitados por la gente de la zona. También aportaron sus conocimientos para alfabetizar a varios dirigentes de la FOTIA, y el Negrito Fernández fue uno de los primeros en aprender a leer y escribir en esos cursos que daba Santucho en el sindicato. A bordo de una motoneta desgastada o en colectivo, bajo el sol calcinante, Robi y el Negrito recorrían diariamente los ingenios para intentar unificar la lucha. Aparecían por todos lados: “Con respecto a los que nos dijeron que somos comunistas, les preguntamos si ellos querían alguna vez tener todas las comodidades, trabajar, que se los respete como hombres, que se les pague al día y que puedan mandar a sus hijos a las escuelas o a la Universidad como mandan a sus hijos los patrones, y les preguntamos si ellos estaban de acuerdo con lo que dijimos y nos contestaron que sí. Entonces aprovechamos y les dijimos: si piensan así también es que son comunistas. Alguna gente nos dice que si somos comunistas no les interesaba, que digan lo que quieran pero peor es ser vende obrero y alcahuete o policía; nosotros dijimos que preferíamos que nos digan comunistas pero menos capitalistas chupasangre”, anotaba después el Negrito, integrado ya a la vida partidaria del PRT por medio de la influencia decisiva de Santucho. En una carta dirigida a su hermano Julio, Robi reconocería los avances de su joven partido y, también, el desarrollo de su propia conciencia política a partir de la intervención en el conflicto azucarero: “Nuestro trabajo entre los obreros en fábricas, barrios, obrajes, aserraderos, y entre los agricultores, nos va obligando a consultar la teoría, lo que dice la filosofía sobre el hombre, sobre la enajenación, sobre las limitaciones del hombre y los caminos sobre su liberación, y así viendo la realidad, conversando sobre ella, intercambiando experiencias entre todos los compañeros, (…) vamos comprendiendo el camino por el que encontraremos la salida. Ese camino sabemos que es la revolución”. “Desde que nosotros estábamos en el Sindicato se tomó 16 veces la fábrica, en todo eso andaba Santucho, la gente lo apreciaba mucho, y decía que no interesaba cómo pensaba él, si era comunista pero venía a luchar por nosotros. Ya se deben imaginar cómo nos poníamos contentos. Fue así que lo hicieron hablar en asamblea varias veces. Les aclaro que cuando había muchos paros la gente decía que sería lindo dejar un jornal todos los meses para comprar armas porque con hondas ya no hacíamos nada…”, comentaría el Negrito. Desde entonces, para Santucho el papel del proletariado azucarero en la lucha sería el de vanguardia de la clase obrera, cada vez mejor organizado y con mayor conciencia. Sin embargo, los cañeros padecerían un golpe devastador con la dictadura de Onganía: el cierre de once ingenios, que suponía la destrucción de la economía provincial. La ola de protestas se hizo incontenible. El 12 de enero de 1967 será una fecha clave para la historia de Santucho y del PRT, el día en que quedará más clara que nunca la necesidad de superar la lucha reivindicativa por la política y asumir, de una vez por todas, que la revolución no podía dejar de contar con una respuesta armada ante las fuerzas de la represión. Ese día, como parte del Plan de Lucha Azucarero Nacional, la FOTIA convocó a una multitudinaria marcha en Bella Vista. El enfrentamiento fue inevitable. Los obreros, con hondas y molotovs, chocaron con fuerzas policiales desbordadas por la multitud. En pleno retroceso, la policía disparó balas de plomo contra la manifestación y asesinó a Hilda Guerrero de Molina. “Al día siguiente, en el Ingenio San José, el ambiente entre los obreros es de satisfacción por la enérgica actitud asumida y plantean reiteradamente a los militantes del partido que hay que armarse, conseguir ametralladoras e ir a la lucha a muerte contra la dictadura. Esta conclusión se estaba generalizando a esta altura entre los trabajadores azucareros y amplios sectores de la vanguardia obrera de todo el país”, explicará Santucho más tarde. Y el PRT no hará oídos sordos al reclamo de los obreros tucumanos .</p>
<p>“El planteo de la lucha armada irrumpe en el PRT, no a través de estudiantes e intelectuales revolucionarios influidos por la experiencia revolucionaria de otros países. Surge de la experiencia directa de las masas obreras argentinas y es incorporado al partido por su vanguardia, que ha recorrido previamente el camino de la lucha pacífica (…) hasta que, cerradas todas las posibilidades con la asunción de Onganía, se orienta correctamente hacia la guerra revolucionaria”, dice aquel hombre enigmático. El mismo que un día antes surcó la bruma del Paraná, revisando sus notas, en silencio, en la madrugada. Ahora lo escucha un auditorio de cuarenta jóvenes. Ahora, su voz suave, casi un susurro, viene a traer la tormenta. Los diarios dicen el Che, dicen Cordobazo, dicen dictadura, dicen resistencia. En aquel rancho solitario en las Lechiguanas, esa voz dice tempestad, dice rebeldía, dice socialismo. Dice, también, revolución. La misma voz explica que un ejército revolucionario “es el brazo armado del que se sirve el pueblo contra el ejército burgués”, y que “en la guerra revolucionaria, el partido manda al fusil”. Su voz conmueve en la tensa calma de una reunión que parece destinada a quedar en la historia de los pueblos.</p>
<p>Callado, introvertido, frecuentemente inhibido ante compañeros de una mayor formación, el Negrito Fernández se había ganado su lugar en el Comité Central a partir de su experiencia de lucha durante la crisis azucarera. Se convirtió también, de algún modo y a su pesar, en el modelo del proletario para la propia organización. Se trataba del compañero que sintetizaba todo lo opuesto al intelectual pequeño burgués, charlatán y pedante, que el PRT rechazaba con todas sus fuerzas hasta el extremo de alimentar un sostenido prejuicio contra cualquier actitud considerada “intelectual”. Prejuicio acompañado también por cierta idealización del obrero como propietario de todas las virtudes revolucionarias casi por naturaleza. Esos prejuicios que imponían el “hacer” como antítesis de cualquier otra propuesta que no contara con la práctica como método, recorrían la superficie del partido y también su dirección. Durante una jornada de estudio de la teoría marxista a cargo de Santucho, cuando cada militante dudaba antes de preguntar demasiado durante la lectura de Hegel para no generar sospechas de pretensiones “intelectuales”, el Negrito Fernández era quien se manejaba con menor nivel de prejuicio en este sentido: preguntaba siempre desde su curiosidad y desde sus ganas de aprender. “El Negrito vivía siempre como en una tensión, muy serio, y tenía una pasión por aprender. Sabía que la teoría tenía una importancia muy grande, y escuchaba mucho a los compañeros que tenían mayor formación intelectual dentro del partido. Siempre andaba con un libro abajo del brazo, y no andaba con chiquitas: siempre con un clásico del marxismo. Lo estudiaba mucho tiempo. Me acuerdo que le había interesado mucho un texto de Marx, Salario, precio y ganancia, y lo conocía al dedillo. Se ve que lo había impresionado en sus tiempos de obrero”, nos comenta hoy Luis Mattini. Santucho escribiría tiempo después, en un editorial de El combatiente, que el Negrito Fernández “pese a que tenía grandes dificultades para leer, se dedicó con fervor al estudio de los clásicos, principalmente Marx y Lenin, costumbre que mantuvo con constancia en toda su vida militante. Se puede afirmar que el Negrito aprendió a leer por su propia cuenta con los textos marxistas, ayudándose pacientemente con un diccionario”. Decidido para actuar, cálido y efusivo cuando se encontraba con algún compañero, el Negrito a la vez era muy parco y se hacía extremadamente difícil conversar con él sobre temas ajenos a la militancia: “Algo lo marcaba mucho, era un tipo que sólo podía hablar de cosas serias. Nunca lo ibas a escuchar hablando de bueyes perdidos”, recuerda Mattini, con quien durante un tiempo compartió la responsabilidad de la parte sindical en la dirección del PRT-ERP. El Negrito había formado parte del primer grupo de militantes que intentó liberar a Robi de su detención en la comisaría de Villa Quinteros en Tucumán, antes del V Congreso del PRT. El plan de rescate fracasó porque, mientras los compañeros se disponían a saltar una tapia, de madrugada, una jauría de perros comenzó a seguirlos y a denunciar su presencia. El grupo se retiró para evitar sospechas, pero de todos modos a Santucho lo trasladaron a la cárcel de Villa Urquiza. “Nos corrieron los perros, ni siquiera la policía”, reconocería muchos años después Enrique Gorriarán Merlo, también parte de la operación. El Negrito Fernández intervino también directamente en el frustrado secuestro del ex jefe del Ejército, Julio Alsogaray, a fines de 1969. Como el militar se manejaba sin custodia, el Negrito lo abordó y, recurriendo a su pasado como boxeador, le pegó una trompada en plena calle que lo dejó groggy. Otro compañero lo subió al auto y, cuando le explicaban su condición de detenido por el PRT, el militar zafó a los empujones y se escapó del coche de sus captores. Sin embargo, su principal aporte al PRT-ERP entonces fue su trabajo de masas, su extraordinaria capacidad para vincularse con otros trabajadores en distintos lugares del país. “La adopción de correctos criterios proletarios de construcción, la elaboración de una línea de masas, fundamentales avances de nuestro Partido en ese período, se deben en gran parte a sus constantes aportes”, reconocería Santucho. A principios de 1972, el Negrito y Jorge Molina caen presos durante un allanamiento, donde además es herido en una pierna En julio de ese mismo año, un cronista de La Opinión dejó registro de su alegato en el juicio oral: “Yo rendiré cuentas a mis compañeros. Ante este tribunal lo único que puedo decir es que fui torturado durante tres días. No me arrepiento de nada, me siento orgulloso de ser un trabajador. El que sabe lo que hay que hacer y no lo hace está más muerto que nuestros compañeros caídos. ¡A vencer o morir por la Argentina! ¡Viva el Che Guevara!”. Acto seguido, el juez tuvo de desalojar la sala. Ya en la cárcel, aislado de sus compañeros, el Negrito se abocó a profundizar su estudio teórico y también a esbozar lo que después se conocería como “Informe sobre el problema azucarero”. De extraordinario valor testimonial sobre la explotación de los cañeros y la radicalización de la lucha en Tucumán, el manuscrito circuló por el penal, hasta que un compañero lo acercó al PRT. El Negrito saldría en libertad el 25 de mayo de 1973 a partir de la presión popular por la liberación de los presos políticos.</p>
<p>“Todo el Partido debe grabarse con letras de fuego el principio revolucionario de que no se puede destruir el capitalismo sin ‘audacia y más audacia’, que una de las características más esenciales de un revolucionario es su decisión, que un revolucionario es un hombre de acción”, escribe a mano, sin vacilaciones, apartado del resto en un rincón. Y anota: “El Ejército Revolucionario debe desarrollarse de lo pequeño a lo grande, de las acciones más simples a las más complejas, procurando la ligazón permanente con las masas, templando seriamente nuestras fuerzas y educando en mil acciones a nuestros destacamentos armados”… De algún lado lo llaman. Esa mañana, en una deshabitada isla del río Paraná, está por comenzar el V Congreso del PRT. Robi camina rumbo al ranchito con sus apuntes en el bolsillo. Ve caras conocidas y también algunas nuevas. Antes de entrar, levanta la mirada al cielo. Miente el cielo despejado, lo sabe Robi. Miente. Se avecina la tormenta.</p>
<p>De regreso de un breve viaje a Cuba, el Negrito se suma al nuevo buró político, antes de partir a Tucumán. A partir de entonces participa de la primera formación de la Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez”, con la tarea de iniciar el reconocimiento del terreno para asentar la guerrilla rural del ERP en la cadena montañosa a lo largo de la ruta 38, en los departamentos de Famaillá y Monteros. La presencia del Negrito en este proyecto fue determinante: conocido como dirigente por gran parte de los trabajadores tucumanos, las puertas de los campesinos en el monte se abrían a su paso. “El que más llegaba a la gente era el Negrito Fernández; yo siempre iba junto con él, aprendiendo y entablando también vínculos con los campesinos”, recuerda Gorriarán Merlo, quien relata a continuación la llegada de la expedición a uno de los ranchos, al oeste de El Cadillal: “Nos presentamos, saludamos a los padres y nos sentamos en una especie de galería. En la casa había cuatro o cinco niños que se pararon delante nuestro, con la cabeza gacha y con las manitos como si estuvieran rezando. Yo me sorprendí, no sabía qué hacer, hasta que vi al Negrito, que le tomaba la cabeza a uno de ellos y le decía: ‘Que Dios te bendiga’. Estaban pidiendo la bendición. Yo hice lo mismo que el Negrito; siempre pienso que si no hubiese ido con él, no hubiera sabido qué hacer”. De hecho y a partir de su influencia con la gente, el ERP interviene para exigir el cese de una mecánica que intermediarios comerciales aprovechaban para estafar a los campesinos. A principios de 1974, bajo el control directo de Santucho, unos 40 combatientes integran la formación que se ejercita en el monte tucumano, a la espera de órdenes para entrar en combate. Se impone en la compañía una férrea disciplina y un obligado estudio político mientras se acerca la hora de entrar en acción. Detectado el grupo de combatientes en la zona serrana de Rodeo Viejo y adelantando los plazos previstos, Santucho decide pasar a la ofensiva y ocupar la localidad de Acheral. El 30 de mayo de 1974, comisaría, central telefónica, estación ferroviaria y rutas de acceso son controladas por la guerrilla en su primera operación de “propaganda armada”. La noticia recorrió el país. Para proteger su trabajo de masas, el Negrito Fernández no tomaría parte de la acción, detalle que generaría, más adelante, una discusión con el propio Santucho sobre el lugar más adecuado para desarrollar su trabajo político. Para Robi, el Negrito Fernández debía permanecer en la dirección del PRT-ERP como un garantía de “peso de clase”, desde donde desarrollar la formación de cuadros dirigentes en la estructura regional, de manera independiente a la actividad de la guerrilla rural. Luis Mattini explica en Hombres y Mujeres del PRT-ERP que el Negrito “se opuso firmemente diciendo que su lugar estaba en la Compañía de Monte, pues la misma ‘carecía de compañeros de la zona’ y él se había preparado para eso. Insistía en que en el secretariado regional o en el mismo buró político podría ser reemplazado por muchos militantes; en cambio pocos podían ocupar su lugar arriba”. Finalmente, Fernández le ganó la pulseada a Santucho y fue designado como “responsable político” de la Compañía. En agosto de ese mismo año, ya muerto Perón, la dirección del PRT-ERP había planificado una operación militar sobre el Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada, en Catamarca, para obtener armamento y sacudir el escenario político con una demostración de fuerza. El Negrito iría a la cabeza, trasladando la Compañía desde el campamento de La Horqueta, en Tucumán. La guerrilla partió en un micro con 47 combatientes hasta detenerse en un camino poco transitado, nueve kilómetros al norte de la capital catamarqueña. Pocas horas antes del inicio de la operación, la guardia guerrillera comete un error decisivo: no detiene a un par de lugareños que pasan en bicicleta, espectadores casuales de los preparativos. Luego de unos minutos de marcha, los testigos se cruzan con un oficial de policía, a quien alertan sobre la situación Hacia la zona del campamento se dirigen cuatro patrulleros y, en segundos, la balacera rompe la madrugada. Los policías son reducidos pero, descubierta ya la operación, el mando del ERP ordena la retirada. Desordenadamente, un grupo se repliega a bordo de los patrulleros con rumbo a Tucumán. A mitad del recorrido, se cruzan con otra pinza policial, pero siguen adelante hasta llegar a salvo a la base. Pero otro grupo de 27 guerrilleros, queda aislado y enfila hacia los cerros. En este grupo va, herido, el Negrito Fernández. La falta de conocimiento de la geografía de la zona resulta determinante en la retirada: la escasa vegetación los obliga a escapar casi a la descubierta. Tres aviones, un helicóptero, y todas las fuerzas militares y policiales salen a la caza de los guerrilleros. Nueve de ellos son apresados el día siguiente, pero la búsqueda sigue. A 3 kilómetros de Capilla del Rosario, el lunes 12 de agosto, el grupo de la Compañía de Monte es cercado por las fuerzas represivas. El enfrentamiento continúa hasta que la guerrilla agota sus municiones. El Negrito Fernández es, entonces, el encargado de negociar la rendición de sus compañeros, 16 en total. El Ejército los fusiló a todos. La criminal respuesta marcó un punto de inflexión en la política terrorista que se expandiría desde el Estado a partir de entonces. Los fusilamientos en Trelew y Capilla del Rosario marcaron el inicio de una cacería sin tregua por parte de las Fuerzas Armadas. Entre los fusilados estaba el Negrito, Antonio del Carmen Fernández.</p>
<p>Sentado en el cordón de la vereda, el Polaco escuchaba el bombardeo determinista de su acompañante. El otro, con las manos en el bolsillo, respondía furibundo las ironías del Polaco. A fines de los cincuenta, Witold Gombrowicz escuchaba la voz suave de un pibe de 21 años defendiendo la revolución cubana como símbolo del despertar de América Latina en contrapunto con la decadencia burguesa de la vieja Europa, la sangre de los pueblos oprimidos recorriendo las venas de un continente en llamas… Palabras, provocaba el Polaco, al que nadie le creía en Santiago del Estero su condición de intelectual de renombre en el exilio. “Andá… ¿qué vas a ser vos?”, le decía el irreverente pibe, en aquella noche santiagueña. Era el séptimo hijo varón de los Santucho, y el que más llamó la atención del Polaco: “Es un muchacho color subido, cabellera negra ala de cuervo, piel aceite ladrillo, boca color tomate, dentadura de astuto soñador, dulce y terco… ¿qué porcentaje tendrá de indio?Yalgo más todavía, algo importante, es un soldado nato. Sirve para el fusil, las trincheras, el caballo”. Esa noche, sentado en el cordón de la vereda, el Polaco guardó en su memoria la imagen de esa áspera conversación, repleta de ironías y de reproches, entre un escritor europeo que nadie conocía en esa tierra, y un pibe que, por todos lados, andaba repleto de futuro: “Su realidad está llena de quimeras, es digna, por tanto, de conmiseración. Sin embargo, su mano posee el don de transformar las quimeras en realidad, es capaz de crear los hechos. Irrealidad, entonces, por parte de la cabeza, y realidad, por parte de la mano… y la seriedad por un solo lado…”.</p>
<p>“Cuando él vivía ante el surgimiento de un obrero de fábrica de grandes cualidades revolucionarias- acostumbrábamos a decir para definirlo: ‘Es como el Negrito’. Hoy, debemos decir que una de nuestras mayores satisfacciones será encontrarnos con esa clase de compañeros, porque veremos en ellos la garantía de que las tradiciones proletarias de nuestro Partido nunca se perderán y que en consecuencia el PRT sabrá llevar al triunfo en nuestra Patria la revolución socialista por la que el Negrito luchó y murió”, escribió un conmovido Santucho, para finalizar su editorial del 21 de agosto de 1974. Pocas personas influyeron más en la vida política de Santucho que el Negrito Fernández. La confianza y amistad entre dos compañeros, cimentada desde aquellos agitados días de la huelga azucarera, será un elemento destacado también por Mattini: “Robi escuchaba mucho al Negrito. Siempre decía que el Negrito tenía olfato, instinto de clase, esto de semblantear con la experiencia que te dan los golpes de la vida. Se movía muy por la piel, y tenía muy arraigada la idea que la revolución era un fenómeno de masas y no de élite, y que había que hablar con la gente, y ese fue su mejor aporte” Más de una vez, Santucho mencionaba al Negrito para ejemplificar una forma de hacer política con “el espíritu de ir hacia las masas, de confiar en las masas, de aprender de las masas, de recurrir siempre a las masas para solucionar los problemas de la construcción revolucionaria”. Y durante una reunión narraba una anécdota como ejemplo: en los últimos días de entrenamiento de la guerrilla rural en el monte tucumano, Robi, el Negrito y otro compañero realizaban un rodeo para eludir un cerco policial que los perseguía. Pero extraviaron el rumbo y anduvieron más de tres días desorientados. Cansados y hambrientos, llegaron a una bifurcación en el sendero. De un lado, hacia el oeste, el monte, la protección de la naturaleza. Del otro, a menos de medio kilómetro, la casa de un campesino. Santucho duda en aquel momento. El tercer compañero propone seguir la marcha hasta el refugio de la montaña. Pero el Negrito, sin la más mínima vacilación, dice: “Vamos a la casa del campesino”. Fueron a hablar con el campesino, que los recibió, los protegió de la policía y les indicó el camino. A ese elemento intangible, Mario Roberto Santucho definía como “instinto de clase”.</p>
<p>Hugo Montero. Revista Sudestada Nº 55</p>
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		<title>Mons. Enrique Angelelli (1976 -4 de Agosto- 2009)</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Aug 2009 10:26:08 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[Encuentro de Reflexión Mons. Angelelli.
Queridos todos y todas de la Argentina y con voluntad de liberación:
Hace días que estoy con su invitación en los ojos y en el alma. Yo debería estar ahí, sin
duda, por ocasión de los veinticinco años del martirio de nuestro San Enrique Angelelli,
pastor de tierra y Reino adentro. No me es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Encuentro de Reflexión Mons. Angelelli.<br />
<img class="alignleft size-full wp-image-111" title="obispo angelelli" src="http://flacoblog.files.wordpress.com/2009/08/obispo-angelelli1.jpg" alt="obispo angelelli" width="166" height="220" />Queridos todos y todas de la Argentina y con voluntad de liberación:<br />
Hace días que estoy con su invitación en los ojos y en el alma. Yo debería estar ahí, sin<br />
duda, por ocasión de los veinticinco años del martirio de nuestro San Enrique Angelelli,<br />
pastor de tierra y Reino adentro. No me es posible por varias razones, pero ahí estoy con<br />
ustedes, de vida entera. Ese jubileo martirial de Angelelli coincide con el jubileo martirial<br />
de nuestro P. Joao Bosco y con la Romería de los Mártires de la Caminada<br />
Latinoamericana que acabamos de celebrar en el Santuario a ellos dedicado. Como<br />
ustedes recuerdan muy oportunamente, los mártires -ellos y ellas- son muchos, muchos<br />
anónimos. Y hay que hacer memoria subversiva de todos ellos. Yo vengo repitiendo hace<br />
años que un pueblo o una Iglesia que olvidasen a sus mártires no merecerían sobrevivir.<br />
Esa memoria, además, ha de consistir en analizar críticamente las &#8220;causas&#8221; maléficas<br />
que mataron a nuestros hermanos y hermanas; y en asumir actualizadamente las causas<br />
evangélicas por las cuales ellos y ellas dieron la vida. No basta con recordar y celebrar.<br />
No podemos acercarnos al martirio impúnemente. La pobreza, la dependencia, la<br />
marginación social, son mayores hoy bajo la macrodictadura neoliberal. Contra<br />
regímenes de muerte dieron nuestros mártires su vida, por la Vida. Contra el gran sistema<br />
de muerte que oprime hoy a la humanidad debemos ir dando nuestro grito, nuestra acción<br />
organizada, nuestra vida. &#8220;Seguir&#8221;, hoy, aquí, nos pide Angelelli. Ya ha costado<br />
demasiado tiempo reconocerle a Angelelli la dignidad y el derecho de mártir. Ya ha<br />
habido en la Iglesia y en la sociedad demasiada falta de memoria. Es hora de recobrar el<br />
tiempo perdido y de acelerar el compromiso real. Es hora de relanzar la utopía y la<br />
esperanza. Desde este rincón de Mato Grosso, les acompañamos con una apasionada<br />
solidaridad. Por las causas de nuestros mártires, por la causa de Jesús, por el Reino.<br />
&#8220;Vidas por el Reino&#8221; ha sido el lema de nuestra Romería de los Mártires de la Caminada<br />
Latinoamericana. Con un abrazo entrañable en la Pascua del Crucificado Resucitado y en<br />
la Pascua de todos los mártires.</p>
<p>Pedro Casaldáliga<br />
Obispo de Sao Félix do Araguaia<br />
Mato Grosso, Brasil</p>
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