LA VUELTA DE LA POLÍTICA

Posted by flacoblog | Posted in Actualidad | Posted on 16-04-2010

Para el desarrollo del neoliberalismo, fue necesaria la construcción de una expresión política hegemónica, totalitaria, que se valió de las estructuras políticas tradicionales, para instaurar un modelo que atentaba contra los intereses mayoritarios del pueblo argentino.

Por Juan Manuel Fonrouge

La caída del muro, desde una perspectiva geopolítica, implico en un primer momento, una lógica avanzada de EE.UU, con su neoliberalismo económico y conservadurismo político. El dinero hizo el resto.

El plan neoliberal necesito negar la política, ya que la misma, intrínsecamente, implica el debate de modelos económicos, sociales y culturales.

El plan pro imperialista, habiendo colonizado a los antiguos partidos de masas (PJ-UCR), desarrollo en la sociedad una visión unidireccional, mostrándose neutral, desideologizado. La lógica política del neoliberalismo fue su negación, fue la anti-política.

Todo aquel que estuviese en contra de los postulados del Consenso de Washington, fue recluido a los márgenes de la escena política. Por atentar contra la “modernización del país”, por ideologizar los debates.

Se proclamo la necesidad de las soluciones técnicas, trasladando los esquemas de la gestión empresarial al sector público. El elemento principal fue el “achique” del Estado, las variables de “ajuste” siempre fueron el bien social, el patrimonio público.

El político profesional, el tecnócrata, desplazaba al militante, la individualidad a la necesidad de la organización, el corpus teórico era externo al proyecto político, venia impuesto en paquete para ser ejecutado. Organismos como el Banco Mundial, hasta no hace muchos años, imprimían el mismo plan educativo para toda América Latina.

En ese esquema de exclusión, solo cabía resistir, oponerse desde la calle, organizándose en gremios, centros de estudiantes, movimientos sociales, organizaciones de derechos humanos.

Fue ilegalizada toda opinión política que cuestionase el saqueo y venta del patrimonio nacional, a la destrucción del empleo, a la entrega de la soberanía, a la política de las relaciones carnales.

Gran parte del pensamiento político de este país fue excluido, marginado, ahogado por el autoritarismo del “partido único del ajuste neoliberal”, por los que luego cerraron filas con el “Pacto de Olivos” y transaron la democracia partidaria, la participación popular.

DEJANDO ATRÁS LA ANTI-POLÍTICA

La marginación de las ideas nacionales y de izquierda de la política, por “pasadas de moda”, por parte del modelo neoliberal, tuvo su correlato en los medios de comunicación.

A la concentración de la palabra, la predominancia de la idea dominante, del hacer política desde la hipocresía, de mostrarse, al igual que el modelo neoliberal, neutral, desideologizado, le viene llegando su San Martín.

Este esquema estalla porque excluye. La negación de la política por el neoliberalismo conservador y la negación de la diversidad de opinión por los medios de comunicación son dos caras de una misma moneda, son socios imprescindibles de un mismo modelo de país excluyente e hipócrita.

Como estallo la credibilidad en el sistema de partidos políticos, asistimos al estallido del sistema de comunicación de masas, aunque este último con mayores anticuerpos, ya que el poder económico, siempre se ha caracterizado por traicionar al poder político. Todavía tienen tela para mostrarse ecuánimes ante una realidad que implica siempre tomar partido, definirse.

Un esquema de poder político, sintetizado por el “Pacto de Olivos”, en alianza contra los decadentes medios de comunicación de masas, viene siendo el frente neoconservador a derrotar. No para imponer una nueva mirada única, sino para volver a oxigenar la sociedad de libertad, de participación, de democracia.

GENERANDO CONFUSIÓN EN EL MEDIO PELO

Palabras como “Yegua”, “subversivo”, “negros de mierda”, “choripan”, son resignificadas semánticamente para reírse del gorilismo pacato, generar complicidad con el otro, liberando la inteligencia a través del humor.

Expresiones con las cuales sectores de la clase media han comenzado a incidir en la opinión pública, haciendo valer su poder de líderes de opinión en sus grupos de pertenencia.

Blogs, autoconvocados por redes sociales, grupos de reflexion y confluencia política y social, intelectuales, cooperativas y trabajadores autogestionados, sectores del Estado que generan dinamismo rompiendo los esquemas del poder conservador neoliberal, entre la búsqueda de profundizar los cambios y sostener las conquistas, han aparecido para socavar el dispositivo hegemónico desde otro lugar.

Las nuevas formas de comunicación política, vienen a ser algo así como la resistencia al modelo de concentración de la palabra, como los movimientos sociales fueron la contrapartida del partido único del ajuste neoliberal. Proceso que debe continuar con una gradual institucionalización de las opiniones excluidas.

La capacitación ante falta de cuadros integrales, con capacidad técnica y política, se hace imprescindible, en un contexto donde el Estado abrirá una caja de Pandora, donde se multiplicaran las señales de radio y televisión y la producción de contenidos propios, en un proceso que se avecina como verdaderamente revolucionario en materia de comunicación social.

Las ideas contrarias al neoliberalismo conservador, el pensamiento nacional, popular y de izquierda deben poder expresarse en medios de comunicación. La objetividad esta descartada de las teorías de la comunicación modernas, toda comunicación es política.

Ningún comunicador es neutral, ni independiente. Hasta el ojo detrás de la cámara elige arbitrariamente que porción de la realidad va a filmar o fotografiar y cual va a excluir, de acuerdo a sus opiniones, preferencias o creencias.

No poder hacer política, disputando espacios de poder, ni poder opinar, son claramente expresiones del autoritarismo. Se abrieron las puertas para que ambos ejes sean puestos en debate, producto de un gobierno que ha vuelto a instaurar a la política como forma de resolver las tensiones.

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La presa

Posted by flacoblog | Posted in Actualidad | Posted on 10-04-2010

Por Claudia Rafael (APE)

Es una perfecta radiografía del sistema. Los márgenes, el odio, la muerte precoz: todo concentrado en unos pequeños instantes que simbolizan una realidad que se parece demasiado al espanto. Lucas Emmanuel Navarro tenía 15. En apenas unos pocos días cumpliría los 16 pero no pudo. No lo dejaron. El cóctel en el que quedó envuelto y que empezó muchísimo antes -quién sabe cuánto, en verdad- lo ancló para siempre en esa figura magra de apenas 44 kilos y un metro cincuenta de altura.
Para encontrar las raíces de lo que ocurrió en la noche del domingo en el barrio Los Pinos, de Isidro Casanova, hay que bucear en la historia misma de un país que demasiadas veces eligió el odio como salida. Para matar o morir. Para aniquilar como precepto.

Los policías dijeron que esa noche Lucas quiso robar a un hombre en la puerta de su casa, junto a otros dos chicos de su edad. Que tenían un arma corta de juguete. Que el hombre se resistió y pidió ayuda. Y que en ese preciso segundo se desataría la persecución y el camino sin retorno.

“Empezaron a salir vecinos, mujeres mayores de las casas y Lucas ya estaba en el piso. Lo pateaban y le pegaban trompadas. Eran más de diez personas, entre ellas varias mujeres grandes. Un almacenero vecino del lugar vio de cerca lo que pasaba y salió a defenderlo para que no le pegaran más. Lo cagaron a trompadas también a él. Uno vio que un hombre agarró una bolsa llena de escombros y le pegaban con eso, como si fuera una maza”, desnudaron los hermanos de Lucas.

No cuesta demasiado vislumbrar la escena. Percibir el olor del miedo que seguramente despediría el cuerpo del chico. Tratar de imaginar qué alcanzó a balbucear en esos instantes. A pensar. (¿Acaso alcanzó a pensar?) Qué imágenes le pasaron con la velocidad de mil rayos por su cabeza. (¿Se le cruzó tal vez alguna?) Y sentir que ese olor, entremezclado con el de su sangre, desataría a las fieras necesitadas de una extraña justicia. Un primer golpe. Dos. Tres que se multiplicarían entre sí, envalentonándose unos con otros. Hasta que sólo la muerte les llevaría a la calma. Como una jauría de animales salvajes que persiguen a una presa hasta devorarla.

¿Cuánto tiempo lleva masacrar el cuerpo de un chico que apenas parece de nueve aunque los almanaques insistan en que tiene 15? ¿Cuántos golpes son necesarios? ¿Cuánta violencia es necesaria para saciar la sed de quien busca acabar de un mazazo con su propio terror al otro?

Pero además, en qué momento cambió algo dentro de esos seres que tal vez, esa misma noche, arroparon con amor a sus hijos y les tararearon un arrorró. Que quizás esa tarde llevaron a la calesita a sus nietos o les regalaron un huevo de chocolate. Qué botón se activó dentro de ellos para transformarlos en monstruos voraces de sangre humana.

Lucas Navarro tenía 15 años. Cuentan las crónicas que la escuela dejó de ser parte de sus días en 2008 hasta hace muy poco, en que volvió. Dicen que para quedarse. Que conocía los calabozos policiales y que estaba en tratamiento por consumo de marihuana en el Centro de Prevención de las Adicciones de La Matanza. Que amaba Costumbres Argentinas, el tema de Calamaro, y que la eligió hace unos días en la clase de Música. Y tal vez le gustara por eso de morder el anzuelo y volver a empezar de nuevo cada vez que quiero. Pero que para bailar, como había bailado con la madre el domingo anterior, no. Para eso hacía sonar con el volumen a mil las cumbias de El Polaco o La Liga. Y que así, con esa gestualidad es que quieren recordarlo en la casa. Riendo como ríen los pibes.

La música que escucharon dentro de sus propias cabezas quienes lo golpearon fue seguramente otra. José Pablo Feinmann plantea que si lo que creció es la violencia es porque lo que creció es el odio. Y el odio no deja lugar a la ternura. El odio es aniquilamiento, es muerte, es destrucción. Un chico que pesaba 44 kilos y medía un metro y medio a los 15 años representó para el grupo de vecinos -señoras, dicen, en su mayoría- el fantasma demoledor de la inseguridad: Me van a invadir, me van a robar, me van a violar, me van a matar.

Su cuerpo magro (y nadie se preguntó por qué un chico puede pesar 44 kilos a los 15 años), su pistola de juguete, el flequillo con gel cayendo sobre su frente amplia, el marrón de su piel, todo fue una combinación fatal para su destino. Podría haber sido otro pero fue él el que tropezó por su propia fragilidad física y se transformó así en la presa perfecta para aleccionar. No era un chico. No para ellos. Era simplemente el objeto propicio para su propia necesidad.

Lucas fue arrojado a la hoguera de los dioses, fusilado, apedreado, ahogado en las cámaras de gas, condenado a la silla eléctrica. Lucas fue asesinado una y mil veces en un solo instante como culpable de todos los crímenes de la humanidad. Para que con él aprendieran todos los Lucas de la historia. Y la sociedad y las instituciones comprendieran de una vez cómo se debe actuar ante el desorden y en defensa del decálogo de la vida y de la moral.